11 de abril de 2017

MEMORABILIA GGM 866


Universo Centro
Número 84, marzo 2017
Medellín – Colombia

Cuento

Un día después del martes

Por Joaquín Mattos Omar

Lo despertó el dolor de cabeza y, poco a poco, no sin cierto esfuerzo, la conciencia lo puso en antecedentes: aquel era el segundo día de su nueva vida de octogenario y la resaca que lo agobiaba era un estrago natural de la parranda de su cumpleaños que se había prolongado hasta después de la media noche.

Era un miércoles cartagenero que prometía ser canicular, pero mitigado por las brisas frescas del mar: miércoles 7 de marzo de 2007. Gabriel García Márquez se levantó, mientras Mercedes, con soñolienta pereza, cambió de posición en la cama. Caminó hasta el cuarto de baño y, mirándose a la cara con detenimiento en el espejo redondo de cromo pulido, le musitó a su propia imagen, repitiendo de memoria una frase que alguna vez, mucho tiempo atrás, le había dicho a su amigo Alfonso Fuenmayor: “Es un verdadero milagro que aún estemos vivos”.

Luego de tomar una ducha, se sentó en la confortable poltrona de su estudio y, pensativo, empezó a recordar todo cuanto se había dicho y vuelto a decir de él durante la noche anterior y los días que la precedieron, lo que resonaba en su cabeza como un confuso y creciente rumor: “El ciudadano colombiano más destacado de toda la historia del país… el único colombiano inmortal… el compatriota de leyenda… el más grande escritor vivo en lengua castellana… el más grande escritor vivo del planeta… el patriarca de las letras… el mago de las palabras… el premio Nobel de Literatura… el premio Nobel de Literatura… el premio Nobel de Literatura…”.

 
Ilustración: Sebastián Rubiano

Sacudió la cabeza. Y se sintió asaltado por dos sentimientos encontrados: por un lado, una especie de plenitud producida por la satisfacción de haber logrado, en un grado rigurosamente insuperable, la meta que se había propuesto cuando era apenas un jovencito de dieciocho años: “Ser un escritor de los grandes”; y, por otro, esa sensación desolada que él mismo había llamado en otra ocasión “la soledad de la fama”.

Bajo la influencia de este último sentimiento, le resultó de pronto absolutamente extraño el hecho de que su cumpleaños —que, hasta sus cuarenta años, había sido siempre, como suele serlo para el común de la gente, un momento íntimo, una fiesta circunscrita al estrecho círculo de su familia y de sus amigos más cercanos— hubiera terminado por ser un acontecimiento universal, histórico, solemne, celebrado con pompas jubilares en todo el mundo y destacado con abrumador despliegue por todos los medios de comunicación nacionales e internacionales.

No pudo evitar entonces la rara sensación de que el individuo así celebrado, aunque se llamara también Gabriel García Márquez, era otro, completamente ajeno a él, quien era tan solo el hombre silencioso y pensativo que ahora estaba sentado en una poltrona de su casa, como un vecino más de una ciudad que para él, en ese momento, no era otra que la ciudad calurosa y llena de zancudos en que, por años, había compartido con sus padres y sus diez hermanos los duros esfuerzos diarios por la supervivencia.

Pero, pasados algunos minutos, y después de ver una fotografía suya colgada en una de las paredes, en que aparecía él, vestido con un liquilique como el que solía ponerse su abuelo Papalelo en las ocasiones especiales, recibiendo la insignia del Premio Nobel de Literatura de manos del rey Carlos Gustavo de Suecia, aterrizó de nuevo en la realidad: el hombre objeto de tantos festejos públicos era, en efecto, él mismo; él, y nadie más que él, era el hombre grande de quien todos hablaban, el colombiano más importante y más famoso de toda la bola del mundo.

Mientras trataba de resignarse a ello, oyó una voz desconocida que le decía: “Estás en la cumbre; el Olimpo, con todo lo elevado que es, termina ahí, bajo tus pies. Ya no te queda un solo palmo por escalar, ya no hay ni siquiera un mínimo más-arriba que tengas el reto de remontar”. Sintió una especie de vértigo, teñido de cierta tristeza, y, llevado por un impulso espontáneo, le preguntó en voz baja a aquella voz silenciosa: “Entonces, ¿ahora qué hago?”.

No obtuvo respuesta, pero la pregunta lo llevó a desear de súbito, con una fuerza apremiante, que todo regresara a los comienzos, que el tiempo retornara a sus fuentes y lo instalara otra vez en el punto de partida, de modo que volviera a ver, alzando los ojos, y a través de una pequeña y polvorienta ventana (y no el lujoso ventanal de cristal que ahora tenía a su lado), la cima lejana, remota, que se perdía en las alturas celestes, mientras él, sentado de nuevo frente a una vieja Underwood, martillaba las teclas redondas con estrépito y desespero, en el silencio de la madrugada, en medio del calor de la muerta sala de redacción de El Heraldo, en el viejo centro de Barranquilla, batallando con su primera novela, enfrentándola con las armas de todos los recursos y trucos literarios que había aprendido hasta entonces, esforzándose por redondear esa escena en que, recién llegado a la casa del coronel en Macondo, el excéntrico médico extranjero es invitado a sentarse a almorzar a una mesa espléndida preparada por Adelaida, la esposa del viejo militar, y el visitante los sorprende entonces diciéndoles que lo agradece, pero no, que él solo come hierba, hierba como la que comen los burros y las vacas.

De esta placentera ensoñación, o fantasía, lo sacó la amable voz de Mercedes, quien apareció diciéndole, con el teléfono portátil en una mano: “Gabito, te llaman del New York Times”, mientras espantaba con elegantes manotazos de la otra cuatro mariposas amarillas que revoloteaban en la estancia y que eran parte de los restos del jolgorio de la noche anterior.

Entonces comprobó que no tenía escapatoria alguna: aquella llamada le acabó por confirmar que, para su infinita pesadumbre, su magnífica gloria de mierda —que le negaba el derecho a volver a disfrutar de ese estado de gracia que consiste en levitar entre las volutas de humo de las ilusiones de triunfo y de grandeza— era definitivamente irreversible.

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Pagina/12
Buenos Aires - Argentina
9 de abril de 2017

Crónica

Muchos años después

Hace cincuenta años la editorial Sudamericana publicaba Cien años de soledad, la novela que cambiaría la literatura latinoamericana creando una marca estética y una identidad, el realismo mágico, y consolidando a Gabriel García Márquez como un escritor sin fronteras. Durante medio siglo se sucedieron diversas lecturas y relecturas que alimentaron y actualizaron los elementos más potentes del libro: la invención de Macondo y la saga familiar maldita de los Buendía, su visión mítica de la historia social, la fusión de elementos realistas y maravillosos, en suma, la creación de todo un universo que sigue sorprendiendo y deslumbrando a nuevas generaciones de lectores. Radar reconstruye los días de la aparición del libro y reproduce la crítica de Tomás Eloy Martínez en la revista Primera Plana, que le dedicó su tapa a García Márquez en junio de 1967, cuando en Buenos Aires se agotaba la primera edición de la novela.


(Imagen: Gonzalo Martinez)

Por Susana Cella

A partir de 1967, cuando la editorial argentina Sudamericana la publicó, Cien años de soledad fue cumpliendo años hasta llegar hoy al medio siglo. Su autor, Gabriel José de la Concordia García Márquez, nacido en Aracataca en 1927 no llegó, en esta coincidencia de fechas entre sus cumpleaños y los de su principal novela, en cifras redondas, a ver el cincuentenario del relato que sigue su ininterrumpida circulación por todo el mundo. Murió en Ciudad de México el 27 de abril de 2014.

Aunque en el itinerario de García Márquez Cien años de soledad bien puede nombrarse como un hito definitivo para su lugar en las letras, –tanto es así que, cuando el autor cumplía los ochenta años en 2007, la Real Academia Española junto con las correspondientes en los países de habla hispana, efectuaron una edición de homenaje a la que fuera considerada un clásico del idioma–, la gesta había comenzado antes y continuó, incluyendo sus memorias (Vivir para contarla), una obra que da cuenta de variados datos biográficos que reiteradas veces mencionó, muchos de los cuales fueron materia prima para sus relatos. Así por ejemplo, la historia de amor entre sus padres, la relación con su abuelo, el coronel, o con la abuela dotada de una sabiduría vital transmisible en cuentos y recuentos afincados en la experiencia y en visiones de mundo sintetizadas en enunciados que bien supo aprovechar literariamente el autor para la consecución de un proyecto literario que tuvo la virtud de conjugar nuevos modos de escritura con el anclaje en un espacio reconocible y perfectamente diseñado, a fin de forjar una poética que presentase a través de su aldea inventada la imagen de América Latina, aunando el ímpetu creativo –su inmensa capacidad de narrar – con la continua remisión a una zona necesitada de nombres y memorias.

Se dijo y repitió muchas veces que García Márquez jamás estuvo en Buenos Aires, quizá como una de las tantas leyendas en torno de su vida y obra. Sin embargo hubo un viaje precisamente dos meses después de publicada la novela cuyo manuscrito fue  dificultosamente enviado debido al costo (Mercedes, la esposa de García Márquez,empeñó una licuadora, regalo de casamiento, para juntar el dinero necesario, incidente muy citadoen torno de la publicación del libro) hasta que llegó al editor Paco Porrúa de Sudamericana, quien inició con una tirada de ocho mil ejemplares la onda expansiva que de ahí en más tendría la novela. Simultáneamente, Primera Plana, revista que en esa década funcionaba como una referencia cultural insoslayable, le otorgaba un destacadísimo lugar. “En junio, el semanario del que yo era jefe de redacción dedicó su portada a Cien años de soledad, consagrándola como ‘la gran novela de América’ con una reseña crítica que yo mismo escribí”, evocó Tomás Eloy Martínez en el cumpleaños cuarenta de la novela. Allí expone algunas consideraciones que bien definen la propuesta de García Márquez, por ejemplo, la dimensión épica fundida con episodios tanto habituales como insólitos, la presencia del mito enlazado con la historia concreta de Colombia, la fundación de un lugar como “metáfora minuciosa de toda la vida americana, de sus peleas, malos sueños y frustraciones”, en una novela “total”, desde el génesis al apocalipsis, dotada de una “vitalidad cataclísmica”.

Cuando Cien años… cumplió sus treinta, Tomás Eloy Martínez recordó que antes de esa novela García Márquez era sólo reconocido por un reducido grupo. El crítico chileno Luis Harss, en la vorágine del boom latinoamericano, compuso un libro de entrevistas que tituló Los nuestros. Algunos dicen que fue Cortázar, otros que Carlos Fuentes, lo cierto fue que le hablaron del colombiano y entrevistó a García Márquez, quien figura en esa certera elección de figuras centrales de la literatura latinoamericana (Borges, Onetti, Miguel Angel Asturias, Juan Rulfo, Alejo Carpentier, João Guimarães Rosa, Julio Cortázar) entre los más recientes, junto a Fuentes y Vargas Llosa. La primera edición de aquel testimonio literario apareció, también por Sudamericana, en 1966, es decir un año antes de Cien años… cuando García Márquez ya había publicado La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba, Los funerales de la Mamá Grande y La mala hora, como eventos parciales acaecidos en Macondo. Decía por entonces Harss: “la próxima fase del libro, que anuncia para marzo o abril de 1967 se llamará Cien años de soledad.” “No es sólo la historia del coronel Aureliano Buendía” explicaba García Márquez, “sino la historia de toda su familia, desde la fundación de Macondo hasta que el último Buendía se suicida, cien años después y se acaba la estirpe”.

La editorial y Primera Plana invitaron al escritor como jurado –junto a Leopoldo Marechal y Augusto Roa Bastos– del premio de novela que ambas organizaban. Llegó con su esposa, según recordó Tomás Eloy Martínez, un 16 de agosto, dos meses después de publicada la novela que iba alcanzando once mil ejemplares vendidos. García Márquez pudo constatar entonces el halo de fama que nunca más lo abandonaría. Por qué nunca volvió a Buenos Aires se hunde en las brumas de las leyendas, mitos o supersticiones que abonó en toda su trayectoria el propio autor.

Hubo fiesta de cumpleaños para la novela cuando iba sumando aniversarios coincidentes con los del autor, veinte, treinta, cuarenta de vigencia, de lecturas multiplicadas. En 2007, con más de treinta millones de ejemplares vendidos, traducida a unas treinta y cinco lenguas, “Gabo” pudo celebrar junto con sus ochenta años de vida, los cuarenta de la novela que fue reconocida como una de las obras más importantes de la lengua castellana durante el IV Congreso Internacional de la Lengua Española.

Realismo mágico

García Márquez, siguiendo una persistente costumbre, envolvió el origen y desarrollo de la novela en una aureola mítica: contó que en viaje a Acapulco con su familia, en 1965, se sintió “fulminado por un cataclismo del alma”, le surgió la famosa frase inicial y continuó sin descanso para contar toda la historia de Macondo, nombre que le habría sugerido un cartel visto de lejos acompañado de su abuelo. Las anécdotas se multiplican y hasta difieren. Lo que subsiste es el juego entre realidad e invención que García Márquez no sólo plasmó en su escritura sino también en el origen de sus relatos. Al referirse a la gestación de la novela en El olor de la guayaba, libro de conversaciones con su amigo Plinio Apuleyo Mendoza publicado en 1982 (año en que le fuera concedido el Nobel de literatura), además de hablar de esa especie de rayo fulmíneo que lo tocó mientras viajaba en su auto, destaca que se trata de “una historia lineal donde con toda inocencia lo extraordinario entrara en lo cotidiano”. Ni más ni menos que una especie de síntesis de esa poética que tendría innúmeras aceptaciones así como cuestionamientos y que sintetizó como realismo mágico. Lo que parece una contradicción, es decir, si se habla de realismo se supone una representación verosímil del referente que en Cien años…sería todo lo que tiene que ver con la mención de las guerras entre liberales y conservadores, la injerencia de los norteamericanos, la huelga bananera, etc. Pero, a diferencia de una novela realista tradicional que desdeña “magias” y ancla en la verosimilitud, este relato se desliga de ella. Lo que efectivamente puede ser algo cierto –valga recordar por ejemplo el momento en que el gitano Melquíades llega al pueblo con un nuevo invento, su dentadura postiza– se narra de tal modo que parece un milagro: el gitano ha derrotado a la vejez, vuelve rejuvenecido. A esto se suman otros acontecimientos –la lluvia interminable, la invasión de las mariposas amarillas, la levitación de Remedios– aunando hechos con creencias y fantasías, lo que pone en entredicho los esquemas de la razón instrumental para dar cabida a la potencia de lo imaginario. Lo que se denomina “mágico” no es sino acudir, en una de las tantas vertientes que la novela amalgama, al relato maravilloso. Como realista, García Márquez estaría “representando” la realidad, sólo que ésta, en América Latina no es la realidad organizada según pautas racionales, sino que las sobrepasa y desafía, de ahí la desmesura de las acciones de los personajes, sus modos de actuar y pensar, regidos más bien por una razón alternativa donde lo inverosímil está instalado como “normal” en la vida cotidiana.

Por otro lado Cien años… conserva una serie de convenciones narrativas, para entonces ya puestas en cuestión. El relato avanza siguiendo una cronología lineal, desde los fundadores de Macondo hasta su último descendiente, y hay un narrador que, como revela la frase inicial de la novela conoce el pasado y futuro de los personajes y va desplegando sus aventuras y desventuras hasta llegar a un punto de culminación, pero a la vez el tiempo es cíclico en la repetición de destinos de los personajes, en las constantes que desafían la progresión. Y más, el final lleva a un movimiento de retroacción: volver al inicio para leer lo que decían los manuscritos.
Los alimentos textuales

Cuando García Márquez reconoce la incidencia de William Faulkner con la fundación de su condado de Yoknatapawa, efectúa sin embargo un proyecto que tiene conexiones con “el maestro”, pero características propias. Podría decirse que lo principal que toma es la configuración de un espacio y el devenir de las estirpes, pero no acude a formas de la narración del norteamericano ( monólogo interior, dislocación extrema de la temporalidad, multiplicación de narradores, voces particulares hablando en registros diversos) sino que acopia “los relatos de su abuela” para citar una de las claves que dio sobre la novela, leyendas y una dimensión intertextual donde pueden aparecer por ejemplo, personajes de otros relatos, algunos de ellos contemporáneos al boom, como la mención al “compadre Artemio Cruz”, protagonista de la novela de Carlos Fuentes. A lo que se suman referencias múltiples donde caben desde alusiones bíblicas a experiencias personales que remiten al Grupo de Barranquilla –del que participó efectivamente García Márquez– cuando habla de la librería del maestro catalán, Ramón Vinyes. Todo amalgamado en un relato sin solución de continuidad.

Cien años de soledad innova y a la vez conserva modos tradicionales de la narración. Así por ejemplo, va a mantener la presencia del narrador “omnisciente” (el que sabe todo respecto de los personajes, que puede introducirse en sus pensamientos, en su pasado, presente y futuro), lo que se advierte en el mero inicio de la novela: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el Coronel Aureliano Buendía habría de recordar la tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. La frase encierra una significación múltiple. Quien narra sabe acerca del futuro del personaje, sabe acerca de su recuerdo, introduce un dato muy vinculado con el contexto –el hielo, para alguien nacido en un ámbito tropical o subtropical no es algo usual, sino más bien desconocido. Siguiendo esa primera página, aparece la localidad que con el tiempo parece haberse convertido en un lugar geográfico existente. Desde luego se la vinculó con Aracataca –lugar natal del autor– y Colombia, pero no quedó suscripta a ese ámbito sino que se la identificó con toda América Latina. La fórmula tuvo enorme éxito pero también fue denostada argumentando que configuraba una imagen forexport, para consumo de las metrópolis internacionales, que “embellecía” tremendas realidades del subcontinente, que era una nueva forma de exotismo, entre otras críticas. La historia de violencia, de guerras y calamidades, sin embargo están en la novela, valga recordar la saga del coronel Aureliano Buendía y sus batallas.

Vale la pena contrastar dos valoraciones importantes, primero la del crítico uruguayo Ángel Rama que, por otra parte, apreciaba más El coronel no tiene quien le escriba que Cien años… Señalaba que por una parte se veían rigurosamente hechos acaecidos, pero que convivían con “una visión ahistórica, casi mítica, del universo, fuertemente invadida por las concepciones tradicionales del catolicismo popular donde pervive la idea de la culpa y del castigo consiguiente, la noción del pecado original, la esperanza en la revelación, la acechanza mágica, la afirmación del destino como clave de la aventura humana”. Segundo, la de Carlos Fuentes cuando dice que García Márquez apunta a “el triple encuentro del tiempo latinoamericano. Encuentro del pasado vivo, matriz, creador, que es tradición de ruptura y riesgo...Encuentro del futuro deseado...Encuentro del presente absoluto en el que recordamos y deseamos”.

Cincuenta años de lecturas 

Aquellos que se encontraron con ese texto en 1967, son hoy día padres o abuelos de los lectores jóvenes, que leen por primera vez la novela. Como todo clásico Cien años de soledad suma también las relecturas. El nombre de García Márquez no es hoy materia de descubrimiento sino algo más que conocido. Relatos del autor –por ejemplo Crónica de una muerte anunciada o Relato de un náufrago– ingresaron al canon escolar.

Cincuenta años significa también un lapso en el cual las expectativas y el horizonte de recepción, han cambiado. En los sesenta tanto el autor como su novela fueron una novedad, algo muy diferente de lo que devino en clásico en base a la propuesta literaria del realismo mágico, que cundió como lo propio de América Latina.

Los cincuenta años permiten pensar una historia de lecturas en un lapso que traspasó el siglo y en el que se sucedieron cambios raigales en la sociedad, en los intereses, imaginario y formas de lectura e interpretación. Surgió en terreno fértil pero suscitó dispares opiniones desde su emergencia hasta hoy. Sin embargo apologías y rechazos no son similares en el transcurso del tiempo. Si décadas atrás los cuestionamientos o las valoraciones tenían un sesgo ideológico marcado, en los lectores “primerizos” aparecen desde elogios hasta observaciones peyorativas acerca de la dificultad que implica la proliferación de personajes con los mismos nombres, lo que ven como repeticiones, las extensas frases, y hasta el mismo final. O sea, más que la discusión en torno del realismo mágico (en términos de poética e imagen de Latinoamérica) aparecen expectativas de recepción actuales que se inclinan más bien por un relato simple, una prosa exenta del despliegue verbal de Cien años… en favor de una narración sin complejidades.

Y aun, aun, Cien años… sigue el derrotero que unifica medio siglo de lecturas: su capacidad de apelar a los lectores más diversos, desde los literatos y críticos que le dedicaron estudios minuciosos en clave sociológica, psicoanalítica, mítica o textual hasta los que se sumergen en la narración desencadenada, encantatoria, quizá la verdadera magia de este realismo.

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El Sol de Zamora
Michoacán - Mexico
11 de abril de 2017

Noticia

Canal 22 proyectará documental
sobre acervo de Gabriel García Márquez

                                                                        Garcia Marquez

 México, 6 Abr (Notimex).- Un recorrido por el acervo histórico del autor de “Cien años de soledad”, se presenta en el documental “El archivo de la magia. Las memorias de Gabriel García Márquez”, que se estrenará por Canal 22 el próximo 17 de abril.

Bajo la dirección de Gabriel Santander y producido por Noemí Cadena, el documental muestra el legado histórico del Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, que comprende manuscritos, cartas y fotografías que alberga el Centro Harry Ransom de la Universidad de Texas y que el público puede consultar.

El director Gabriel Santander, quien agradeció a la familia García Márquez, al Centro Harry Ransom y a Canal 22 por el apoyo en la realización del documental, relató que cuando revisaron el material encontraron contenido epistolar, fotográfico, manuscritos e inclusive objetos como máquinas de escribir.

“Tienen las máquinas de Gabriel García Márquez desde la mecánica y ruda Smith Corona hasta las más avanzadas, por lo que vimos que siempre le interesó estar a la vanguardia de la tecnología”, expresó.

Al momento de abrir las cajas, abundó el realizador luego de proyectarse un fragmento del documental en un foro de Canal 22, acción que le dio nombre al documental, encontraron a muchos personajes ligados al personaje público, al personaje que es fundamental para Fidel Castro y Cuba, pero que también es fundamental en la relación con la Casa Blanca.

“Por ejemplo vemos en las cartas que era muy importante o al menos era escuchado por Bill Clinton, pero si vemos que tenían una relación muy importante pero no era solo una relación de amistad, sino una relación que tenía que ver con fines políticos, todo eso lo podemos ir viendo en los documentos del archivo que está en la Universidad de Texas”, señaló.

Otra parte del acervo se refiere a las fotografías que le fueron entregadas a la universidad, en esos álbumes familiares y es que Mercedes Barcha, viuda del escritor, juntó las imágenes de cumpleaños y de premios y las fue poniendo en esas carpetas, pero ahora están resguardadas de manera profesional.

También hay mucha correspondencia de sus lectores por lo que uno descubre el significado de figura que tenía el Premio Nobel de Literatura 1982 como caudillo cultural de América Latina, comentó Santander.

En término literarios, agregó, lo más importante del acervo son los manuscritos, por ejemplo, uno va por el de “Cien años de soledad” que cumple 50 años de su publicación.

“Lo que hay que aclarar es que esos manuscritos de ´Cien años de soledad´ son muy tardíos, no sé qué pasó si los quemaron o tiraron muchos manuscritos, pero no existen, empiezan a existir los muy tardíos, el penúltimo y el último de este libro”, aclaró.

Dijo que todavía falta por revisar algunos discos duros de las computadoras personales de Gabriel García Márquez, y el manuscrito inédito “Nos vemos en agosto”, que es una novela inconclusa que evidentemente no dejan que lo graben por nada del mundo.

Pedro Miguel Cota Tirado, director de Canal 22, mencionó que hace poco más de 50 años Gabriel García Márquez escribía en la Ciudad de México una de sus más grandes obras, una historia atemporal, la cual se ha convertido en un referente de la literatura mundial: “Cien años de soledad”.

Añadió que su legado y huella como uno de los escritores más grandes de habla hispana, es sin duda trascendental para la cultura a nivel global.

“No es casualidad que en nuestro país, se haya gestado una obra de tal magnitud como lo ha sido ´Cien años de soledad´, es por ello que Canal 22 siguiendo su compromiso de generar contenidos novedosos y atractivos, hoy presenta un proyecto que inició su desarrolló en 2016 y que rinde homenaje a uno de los intelectuales más sobre salientes de nuestro tiempo”, puntualizó.

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EL PAIS
Madrid – España
6 de abril de 2017

Cultura

50 años de ilustrada soledad
Una edición con dibujos de la chilena Luisa Rivera celebra
el medio siglo del libro más famoso de García Márquez

 
Ilustración del primer capítulo de Cien años de soledad

Es uno de los libros fetiche de la historia de la literatura y se ha editado en pasta dura, en bolsillo, en facsímil. Faltaba una edición ilustrada y la editorial Penguin Random House ha esperado un sonoro cumpleaños, el 50, para sacar Cien años de soledad a las librerías a todo color, una elegante edición para la que se ha contado con la ilustradora Luisa Rivera (Santiago de Chile, 29 años). Actualmente afincada en Londres, Rivera ha trasladado el realismo mágico de sus dibujos a las famosas páginas del colombiano.

Con un currículo nada desdeñable, Rivera ha tenido la oportunidad de “dialogar” con uno de los grandes, el colombiano Gabriel García Márquez (Aracataca, 1927 - Ciudad de México 2014), premiado con el Nobel en 1982. Ella habla con todos los autores, “estén vivos o no”, cuando tiene que dibujar sus historias. “Busco información, trato de entender sus procesos. Esta vez pude conectar con uno de mis favoritos y me siento muy afortunada”, contesta mediante un correo electrónico desde la capital británica.

El director editorial de Penguin Random House, Claudio López Lamadrid, está satisfecho con el resultado, “elegante y económico” que permite una compra por 24,90 euros. Recuerda que esta edición ha tenido otro singular padrino: el hijo del escritor, el tipógrafo Gonzalo García Barcha, que ha creado el tipo de letra, Enrico, en especial para el libro. Las capitulares están adornadas por la ilustradora.

Cien años de soledad es un libro que sigue leyéndose en los centros escolares y que siempre será un objeto de regalo. “Creo que es un fetiche”, dice López Lamadrid. Esa edición también puede serlo. Las páginas ilustradas se han troquelado con unas gotas de lluvia que transparentan las letras, y reciben y despiden al lector los peces dorados que fabricaba el coronel Aureliano Buendía como Penélope, tejiendo y destejiendo.

Sin ideas preconcebidas

Por ser tan conocida la historia, Rivera ha querido huir de “ideas preconcebidas, lo cual es muy difícil cuando trabajas con una obra tan arraigada en tu propia cultura”. Por lo mismo, “Decidí que Gabo iba a ser mi guía. Estudié mucho el libro, pero además recolecté información, entrevistas que le hicieron, discursos, historias. Todo aquello que me ayudara a entender el origen de esta historia, una de mis novelas favoritas”.

La paleta de colores es unificadora, entrelaza las ilustraciones de principio a fin. Predominan los verdes y azulados, tostados, ocres naranjas y siempre con brochazos blancos de luz. “En términos de colorido, queríamos algo que rescatara las descripciones de los lugares pero que añadiera ese toque extraño, propio del realismo mágico”, donde el pensamiento y el pincel de Rivera se sienten cómodos. No en vano, la obra se cimenta en las raíces de América Latina. “Este libro es muy importante porque habla de nuestra identidad, de nuestra historia, de nuestros conflictos políticos”.

Entre los trazos coloreados de Rivera se cuelan las ranas y los pájaros, las charcas y los juncos, las gallinas con sus huevos y el río con los suyos. Y la lluvia constante que riega la vegetación exagerada de ese lado del mundo. “El realismo mágico ha influido muchísimo mi trabajo, porque para mí es más que un género, es un estado mental y creativo”, explica esta mujer que proviene de una familia con “una veta artística inclinada hacia la música”, que siempre le ha servido de inspiración.

La naturaleza es una constante en su obra. La que imagina para un texto de realismo mágico "responde a la misma lógica de la narrativa: no es fantasía, ni surrealismo, más bien es lo extraño expresado como un elemento cotidiano”. “En ese sentido, me interesaba que las ilustraciones tuvieran esa mezcla de lo coherente y lo irreal”, dice.

Rivera no imita la naturaleza que ve, “como lo hacían los naturalistas”, sino que mezcla elementos e inventa otros, “lo cual funciona bien para Cien años de soledad”, un libro cuyo principio pueden recitar varias generaciones y estremecerse con “el pavoroso remolino de polvo” que pone fin a la historia.
Portada del libro del escritor Gabriel García Márquez, "Crónica de una muerte anunciada". EFE/Archivo


Quien es la ilustradora del libro

Luisa Rivera

Nació en Santiago (Chile, 1988). Actualmente vive en Londres. Estudió Licenciatura en Bellas Artes en Chile, con énfasis en arte visual. Antes de llegar a Londres, gracias a una beca Fulbright, había terminado su Maestría en Bellas Artes en Ilustración en el Colegio de Arte y Diseño de Minneapolis (EE.UU.).

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EFE
Desde Barranquilla – Colombia
7 de abril de 2017

Noticia

Falleció el hombre que inspiró personaje de "Crónica de una muerte anunciada"

EFE Barranquilla (Colombia)

Miguel Reyes Palencia, en quien se inspiró el nobel de literatura Gabriel García Márquez para crear el personaje "Bayardo San Román", de la novela "Crónica de una muerte anunciada", falleció hoy en la ciudad colomiana de Barranquilla a los 95 años, confirmaron sus familiares.
Reyes Palencia, quien padecía problemas cardiacos y había compartido vivencias con García Márquez, era el único personaje de las historias del escritor que aún vivía.
 
Portada de la primera edición del  libro del escritor Gabriel García Márquez,
"Crónica de una muerte anunciada". EFE/Archivo

En la novela, que en su momento representó un acercamiento entre lo periodístico y lo narrativo, Bayardo San Román devolvió a sus suegros en la noche de bodas a su esposa, Ángela Vicario, al descubrir que no era virgen.

En "Crónica de una muerte anunciada", García Márquez tomó la acción central, los protagonistas, el escenario y las circunstancias de un hecho ocurrido en la población de Sucre, donde vivió en su niñez y adolescencia, para plasmar una historia cargada de realismo mágico.

En 1994, Reyes Palencia demandó al nobel y a su hermano Eligio porque al hacerle protagonista en las novelas que escribieron, "Crónica de una muerte anunciada" y "La tercera muerte de Santiago Nassar", respectivamente, dañaron su "honra y su dignidad".

El Tribunal Superior de Barranquilla, en el norte de Colombia, falló en 2011 a favor del escritor al desestimar la demanda interpuesta en segunda instancia por Reyes.

El propio García Márquez reconoció que el hecho inspirador, ocurrido en 1951, pronto se incorporó en la memoria popular, que la enriqueció con detalles y variaciones hasta que en 1981 escribió la novela.

En 2007, Reyes Palencia publicó el libro "La verdad: 50 años más tarde", en el cual narra la auténtica historia del asesinato de Cayetano Gentile, identificado como "Santiago Nasar" en la novela y quien es acusado de "deshonrar" a Ángela Vicario.

A propósito del fallecimiento de Reyes, a fines del año pasado falleció en Santiago de Chile, Miguel Ángel Roldán quien sirviera de modelo a la ilustración de la portada de la primera edición de Crónica de una muerte anunciada. (N del E.).

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16 de marzo de 2017

MEMORABILIA GGM 865



El Correo de Andalucia
Sevilla – España
28 de febrero de 2017

Literatura

Cincuenta años de Macondo
La novela ‘Cien años de soledad’, del Nobel García Márquez, emblema del boom latinoamericano y del realismo mágico, cumple medio siglo en perfecto estado de salud

Por Álvaro Romero

Afortunadamente, las profecías de los pergaminos de Melquíades erraron en lo principal, pues aunque fuera cierto que «las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra», Macondo no se convirtió en «un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico», tal y como recogía el final de la propia novela que catapultó al estrellato a su autor, sino que, por el contrario, precisamente a partir de aquellas palabras se fraguó su eternidad. Macondo podía haber sido cien años antes «una aldea de veinte casas de barro y cañabrava», al menos cuando Gabriel García Márquez decidió empezar por el principio y establecer la fundación de un pueblo en el que él no solo iba a basar toda su literatura a partir de aquel boom de los 60 del que él mismo era artífice fundamental, sino en el que estaba basado todo lo que había escrito desde que su pura condición de periodista de planta en El Espectador de Bogotá se le había ido dilatando por el realismo mágico de su propia vida cotidiana.

 
Macondo, uno de los nombres propios más importantes de la literatura universal y clave en la obra de García Márquez. / Foto: El Correo

A la altura de 1967, cuando la editorial Sudamericana de Buenos Aires (Argentina) se arroja a la aventura de publicarle al colombiano aquella novela en la que cabía todo el universo garciamarquiano –una tirada de solo 8.000 ejemplares–, Macondo ya se había consolidado en el imaginario de su ficción desde sus primeros escritos. Todo el argumento de La hojarasca (1955), su primera novela, ocurría en Macondo, el mismo pueblo sobre el que Isabel había hablado tanto sola mientras veía llover... Cerca de allí, un coronel como Aureliano Buendía –o como Gerineldo Márquez, su propio abuelo– había protagonizado la novela más perfecta para su autor a pesar de la aparente sencillez del desasosiego de un veterano de guerra en la espera interminable de su pensión, mientras lo mantenía un gallo de pelea. En Macondo o por sus alrededores, entre la ciénaga grande y Riohacha, es decir, entre la ficción y la realidad, habían sido alumbrados los relatos de Los funerales de la Mamá Grande (1962) e incluso, una década después, se confirman por allí los sucesos de La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1972), el largo cuento que Cien años de soledad había resumido antes en una sola página y que contaba la gira de pueblo en pueblo de una abuela que prostituía a su nieta para pagarle la casa incendiada por un descuido.

Pero Macondo no se funda, sobre el papel, hasta que José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán –los patriarcas de la saga de siete generaciones que cuenta Cien años de soledad– no se ven en la necesidad de huir, selva adentro, para poner tierra de por medio con un pueblo en el que la pareja había sido ridiculizada por no consolidar el matrimonio por miedo a engendrar crías con colita de cerdo. Es el primero de los Buendía el que sueña con el nombre, aunque el propio autor aclararía muchos años después –incluso en su autobiografía, Vivir para contarla (2002)– su fascinación por la palabra, tras un viaje que hizo con su madre a su pueblo natal, Aracataca: «El tren se detuvo en una estación que no tenía ciudad, y un rato más tarde pasó la única plantación de banano a lo largo de la ruta que tenía su nombre escrito en la puerta: Macondo. Esta palabra ha atraído mi atención desde los primeros viajes que había hecho con mi abuelo», dijo Gabo. La figura del tren la pinta él de amarillo para ficcionalizar una locomotora que «tantos cambios, calamidades y nostalgias había de llevar a Macondo», hasta cargar con más de tres mil muertos, que es el resultado mítico de la llamada matanza del banano, ocurrida el año que él mismo nació, y con la que concluye ese lastimoso capítulo del imperialismo yanqui en forma de compañía bananera que desangra la comarca de Macondo, pues Macondo es Aracataca, y Colombia, y toda Latinoamérica. La alegoría ya funcionaba.

Con un pueblo en sus manos, todo lo demás cabía en él: las historias familiares que había oído contar desde niño, hijo de un telegrafista como el Florentino Ariza de El amor en los tiempos del cólera (1985) y de la hija de un coronel como Aureliano Buendía, que termina conviviendo –en la ficción de una casa enorme como la de sus abuelos maternos– con Rebeca, la niña que comía tierra y que es un trasunto de su propia hermana Margot. Pero también la historia de todo un continente asolado por la desmemoria, que es como la peste del insomnio que afecta a todos los habitantes de Macondo; la insolidaridad que desemboca en la soledad de hasta los líderes, como el coronel Aureliano Buendía encerrado en su taller de incontables pescaditos de oro o su padre centenario, amarrado a la sombra de un castaño, o su madre con más de cien años olvidada por el interior de los armarios, o incluso el declive último de otros mandamases en la intimidad definitiva de sus perdiciones, como Gabo habría de literaturizar en El otoño del patriarca (1975) –su novela más compleja– o El general en su laberinto (1989), un relato maravilloso de los últimos días de Simón Bolívar por el río Magdalena para terminar muriendo solo y pobre tras haber sido el gran libertador de medio continente.

En el Macondo de Cien años de soledad también se desdibujan las diferencias entre liberales y conservadores, otra obsesión expuesta en toda la literatura de García Márquez, porque en el corazón de la historia de esa saga familiar no solo crepitan los levantamientos armados y las guerras civiles que pierde el coronel Aureliano Buendía, sino su propio casamiento con la hija menor de don Apolinar Moscote, el gobernador que planta un letrero gubernamental y una hamaca para lanzar decretos en un pueblo que se había construido sin gobierno, hasta que José Arcadio Buendía le para los pies y los ánimos. Macondo es, en fin, una alegoría de un mundo que nace y declina hasta que es sustituido por otro, algo así como el acierto cervantino con El Quijote. No en vano ambas novelas están hoy consideradas como las cimas de la literatura en castellano de todos los tiempos, como reconoció la propia Real Academia Española al lanzar en 2007 una edición popular conmemorativa de Cien años de soledad con motivo de su 40º aniversario.

Realismo mágico

El novelista cubano Alejo Carpentier había acuñado el término de «real maravilloso» para referirse a esa tendencia de la novela hispanoamericana, repentina en el siglo XX –porque hasta entonces los escritores del otro lado del Atlántico no habían escrito novelas, sino leyendas, crónicas o poemas más o menos míticos–, a mezclar lo cotidiano con lo milagroso, y luego fue la crítica más o menos académica la que patentó lo de «realismo mágico», pero García Márquez, a quien la narración le salía a borbotones con la misma magia que a sus abuelos y quien había interiorizado el mito bíblico y las estructuras novelescas de maestros occidentales como Faulkner, no tuvo más que ponerse a convertir en literatura propia lo que había oído de toda la vida, aprovechando además el relato mítico del pueblo y no la versión tan oficial como falsa de los poderosos. Por eso habría de sostener: «No hay en mis novelas una línea que no esté basada en la realidad». Tal vez la realidad notariada por el pueblo mismo, que no impide que la bella Remedios ascienda a los cielos como la Virgen María o que un hilo de sangre recorra todo el pueblo y llegue a la cocina para anunciarle a Úrsula que su hijo José Arcadio ha muerto, como el propio Santiago Nasar, que también cae derrumbado en la cocina de su propia madre con las vísceras en las manos al terminar aquella Crónica de una muerte anunciada (1981) que también había ocurrido, en efecto, en la realidad.

Y a pesar de todo, hoy da la sensación de que el realismo mágico es cosa del best seller García Márquez, como si no existiera con él una profusa generación de literatos de todo un continente que ha contribuido al mismo hallazgo conceptual, desde Miguel Ángel Asturias a Julio Cortázar, pasando por Ernesto Sábato, Carlos Fuentes, Jorge Luis Borges, Mario Vargas Llosa o el tal vez patriarca de toda la novela latinoamericana: Juan Rulfo, que con su solo libro Pedro Páramo (1955) no solo cambió el devenir de las letras hispanas para siempre sino que influyó en Gabo hasta el punto de que este confesó que cuando llevaba cien páginas de Cien años de soledad, su amigo Álvaro Mutis le regaló un ejemplar de Rulfo y entonces él tiró todo lo que llevaba escrito y empezó de nuevo. También aquellas páginas inservibles habría de leerlas, en privilegiado anticipo manuscrito, el crítico mexicano Enmanuel Carballo, que fue quien leía todas las páginas que Gabo le iba pasando antes de Cien años de soledad tuviera siquiera posibilidades de ser publicada en el otro extremo del continente. Carballo, que tenía la misma edad de Gabo, murió solo tres después que él, el 20 de abril de 2014, pero fue el primero que intuyó que la novela, y Macondo, iban a convertirse en un clásico universal. El propio autor tuvo que recapitular su importancia, después de recibir el Nobel de Literatura en 1982, al declarar: «Macondo no es tanto un lugar como un estado de ánimo».

Desde entonces, en muchas latitudes del mundo, Macondo es un territorio incluso más tangible que muchas realidades, como pasó con la Mancha de Alonso Quijano. En 2006, el alcalde de Aracataca realizó una consulta popular para cambiarle el nombre al pueblo natal de Gabo por Macondo, pero sus paisanos comprendieron que Macondo era mucho más que un pueblo y la cosa no salió. Mucho más cerca, en la ciudad de Cáceres, una reciente urbanización se llama Residencial Macondo, y sus calles se llaman como los personajes del libro: Remedios la Bella, Pilar Ternera o Padre Nicanor.

A Macondo lo impulsan hoy los centenares de millones de ejemplares vendidos de una novela traducida a 40 idiomas. Gestos como que Barack Obama le regalara a su hija un kindle con Cien años de soledad en digital por haber sido una de las novelas que más impactó al exmandatario estadounidense o que la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano –fundada por el propio Gabo– organizara a comienzos de este año una lectura colectiva de tres días, y en varios idiomas, en Cartagena de Indias no hacen sino confirmar que Macondo es ya más real que nunca.

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EL HERALDO
Barranquilla – Colombia
5 de marzo de 2017

Cuando Gabo fue llevado a la pantalla


Gabo sostiene la claqueta del filme dramático cubano ‘Cartas del parque’, estrenado en 1988.

Por Laura Pulido
@laupulido29

El niño al que su abuelo llevaba al cine de don Antonio Daconte, en Aracataca, Magdalena, creció para casarse también con el séptimo arte, al que contribuyó como guionista, director y escritor.

Dámaso había estado en la plaza con sus amigos. Absortos en su conversación sobre el campeonato de béisbol, entraron a cine sin habérselo propuesto. Allí, un joven de 38 años, cejas gruesas y verruga en el lado derecho de la cara, cobraba las entradas para una película de Cantinflas.

Era 1965 y Gabriel García Marquez ya no era el niño al que su abuelo alentaba para que expusiera ante su familia el filme que acababan de ver en el Olympia, el pequeño teatro de don Antonio Daconte, en Aracataca, Magdalena. Entonces, incursionaba como actor en la adaptación de su cuento En este pueblo no hay ladrones, que hace parte de la colección Los funerales de la mamá grande.

Los escritores Juan Rulfo y Carlos Monsiváis y el director de cine Luis Buñuel también aparecieron en la proyección del infierno que sufre un pequeño pueblo  por la misteriosa pérdida de unas bolas de billar, robadas por el personaje de ficción Dámaso.

La vida del hombre que afirmó: “Después de escribir, lo mío es el cine” llega por primera vez a la televisión en formato no documental, a cargo del cineasta colombiano Sergio Cabrera, el productor de contenidos Hugo León Ferrer y las productoras independientes Cristina Villar Rosa y Catalina Figueroa García-Herrero. El proyecto, que se prevé para mediados de abril, es el resultado de una investigación que ha reunido a estudiosos y amigos personales del Premio Nobel de Literatura.


Escena de la adaptación de 1999 de ‘El coronel no tiene quien le escriba’,
bajo la dirección de Arturo Ripstein.

Plinio Apuleyo es uno de ellos, al que en su libro El olor de la guayaba, el cataquero le dijo: “En mi caso, el cine ha sido una ventaja y una limitación. Me enseñó, sí, a ver en imágenes. Pero al mismo tiempo compruebo ahora que en todos mis libros anteriores a Cien años de soledad hay un inmoderado afán de visualización de los personajes y las escenas, y hasta una obsesión por indicar puntos de vista y encuadres”.

En 1954, dos años después de su paso por EL HERALDO, del que se despidió con su columna “La casa de los Buendía”, el exponente del realismo mágico ya había dado sus primeros pasos en la realización audivisual, con el cortometraje La langosta azul, un filme surrealista en el que también participaron en la dirección Álvaro Cepeda Samudio —que según relata en Vivir para contarla, le enseñaba de cine lo que había estudiado en Nueva York, en las peores cantinas— Enrique Grau Araújo y Luis Vicens.

Ese interés que había despertado en Gabo cuando veía el cine argentino de la época de Carlos Gardel y de Libertad Lamarque lo llevó, un año después, a estudiar la carrera de cine en el Centro Experimental de Cine de Roma (Cinecittà).

La imaginación de García Márquez viajó hasta el México de los 60, donde el escritor realizó la adaptación de la novela corta de Juan Rulfo El gallo de oro (1964), junto con Carlos Fuentes y Roberto Gavaldón, y el argumento en el que se basó la película de comedia y de crimen Tiempo de morir (1966).

Asimismo fue guionista de Juego peligroso (1966), Patsy, mi amor (1968), Presagio (1974), La viuda de Montiel (1979), María de mi corazón (1979), El año de la peste (1979) y Eréndira (1983).

En 1977, la productora R.T.I. transmite el aire denso de La mala hora, un dramatizado controvertido y censurado por su contenido, y dirigido por Bernardo Romero Pereiro.


La película ‘Eréndira’ (1983), adaptación de la novela ‘La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada’.

Llegan a la pantalla grande en 1988 Un señor muy viejo con unas alas enormes (basado en un cuento), Milagro en Roma, Fábula de la bella palomera y Cartas del parque, en los que el hijo del telegrafista en Aracataca participa como guionista. Un año antes, el director de cine  italiano Francesco Rosi llevó Crónica de una muerte anunciada a la gran pantalla bajo el nombre Cronaca di una morte annunciata (su traducción al italiano).

En octubre de 1990, Gabo coincidió con el cineasta Akira Kurosawa, quien mostró su interés de llevar a las salas de cine El otoño del patriarca, repensado en un Japón medieval. Sin embargo, el proyecto se canceló por no contar con fondos.

Ochos años después, en 1996, se estrena Edipo alcalde, el drama de un joven promotor de paz, que es nombrado alcalde de un pueblo sumido en la miseria y en la violencia. Dirigida por Jorge Alí Triana, su adaptación fue hecha por el escritor que se encontró con Woody Allen en una noche de julio de 1991, según relató en una ocasión su hermano Eligio García Márquez.

En 1999, se graba la que se considera una de las adaptaciones mejor logradas de las novelas de Gabo, El coronel no tiene quien lo escriba, bajo la dirección del mexicano Arturo Ripstein.

Sobre esta novela, dijo el también periodista García Márquez a Apuleyo: (...) “es una novela cuyo estilo parece el de un guion cinematográfico. Los movimientos de los personajes son como seguidos por una cámara. Y cuando vuelvo a leer el libro, veo la cámara. Hoy creo que las soluciones literarias son diferentes a las soluciones cinematográficas”.

Las adaptaciones más recientes son El amor en los tiempos del cólera, rodado en 2006 en Cartagena; Del amor y otros demonios, en 2010, y Memoria de mis putas tristes, estrenada en 2012.


La trama de ‘El amor en los tiempos del cólera’ llegó a la gran pantalla en 2006.

Gabo, quien afirmó en una ocasión que el cine y él eran como “un matrimonio mal llevado; no puedo vivir con él ni sin él”, escribió Cien años de soledad de tal forma que esta no se pudiera adaptar al formato del séptimo arte.

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Cuba Si.co
La Habana – Cuba
10 de marzo de 2017

El Gabo que le presentó Fidel a Chávez

Por Jorge Legañoa Alonso/ACN

El líder de la Revolución cubana, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, tuvo deferencias especiales con su amigo Hugo Chávez.



Cuenta el mandatario venezolano que gracias a Fidel conoció al Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez y desde entonces la amistad de dos, se extendió.

Comandantes regala hoy las remembranzas del líder bolivariano sobre Gabo y Fidel y el amor compartido por la literatura.

Todos compartían un "mal": leer vorazmente y cargar en cada día de trabajo o viaje, decenas de libros.

El Gabo

Por Hugo Chávez Frías

Estuve esta madrugada hasta tarde con Gabriel García Márquez. Me ha regalado este libro, "Vivir para contarla", tremendo regalo. Aquí recoge toda una vida, desde su niñez. Dice que cuando era niño ya era contador de cuentos, inventaba cosas y se ganó la fama en su familia de ser adivino. Es el realismo mágico en su máxima expresión.

No hay nada como la lectura para meterse en el mundo de lo real y también de lo mágico, de lo maravilloso y sobre todo novelas como ésta, de un hombre que ya es leyenda, premio Nobel de Literatura y para orgullo nuestro, latinoamericano, colombiano y, además, gran bolivariano.

Qué gran novela, "El general en su laberinto". Él dice que su abuelo era coronel y de allí a lo mejor esa novela, "El coronel no tiene quien le escriba". "Por aquí anda Bolívar", le dijo un día el abuelo al niño García Márquez, cuando pegaba el retrato del Libertador. "Este es el hombre más grande que ha nacido en la historia".

Entonces el niño se quedó pensativo y le preguntó, recordando algo que le había dicho la abuela: "¿Simón Bolívar es más grande que Jesucristo?" El niño preguntón puso en dificultades al abuelo, que respondió: "Una cosa no tiene nada que ver con la otra".

Y el niño quedó con aquello de que esos dos hombres eran los más grandes de la historia.

Nunca olvidaré cuando le conocí en La Habana con Fidel, en enero de 1999. Él tenía que ir a Barranquilla y me dijo: "Bueno, deme la cola, pues, me voy mañana".

Estábamos allí un grupo y "El Gabo" quería conversar conmigo, hacerme algunas preguntas. Pero como siempre, Fidel no nos dio tiempo.

Creo que fue el mismo Fidel quien propuso: "Váyanse en el avión conversando". Y así lo hicimos, nos vinimos de La Habana a Caracas, unas tres horas conversando. Recuerdo que en algún momento quería tomarse algún licor y le dijimos: "No, en este avión no se bebe licor.

Entonces una exclamación muy espontánea, muy latina. "Yo me he montado en no sé cuántos aviones presidenciales y esto lo voy a escribir: "Primer avión presidencial donde no hay un whisky". Y lo escribió. "No, aquí lo que hay es jugo de guayaba". Nos tomamos como cinco jugos de guayaba entre La Habana y Caracas.

Desde aquí mi recuerdo, la admiración de este pueblo a Gabriel García Márquez, sus "Cien Años de Soledad", su Laberinto, su General y su Coronel, su Macondo y sus mariposas amarillas y ahora "Vivir para contarla", maravillosa novela, maravilloso ser humano el Gabo, que Dios lo cuide para siempre.

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Las 2 orillas
Bogota - Colombia
6 de marzo de 2017

Lista la serie sobre la vida
de Gabriel García Márquez

 

La primera serie de ficción sobre la vida del premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez tendrá 3 temporadas, estaría escrita por Plinio Apuleyo Mendoza y la dirigiría Sergio Cabrera.

La serie está en proceso de diseño y la producción tendrá 3 temporadas, cada una de 13 capítulos de 45 minutos. En Colombia fue ofrecida a RTI quien dio un paso al costado debido a los altos costos de producción.

Estaría lista para finales del 2018. Netflix y HBO se pelean por producir el proyecto.

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EL UNIVERSAL
Cartagena de Indias
6 de marzo de 2017

El Gabo mágico que hoy
cumpliría noventa años

Por John Saldarriaga
COLPRENSA

F idel Castro contó en un artículo publicado en varias partes, como en Granma, que él era uno de los lectores de los manuscritos de Gabriel García Márquez. Una vez, leyendo los folios preliminares de Del amor y otros demonios, el Comandante encontró que “un hombre se paseaba en su caballo de once meses”, de modo que le sugirió al autor:

“Mira, Gabo, añádele dos o tres años más a ese caballo, porque uno de once meses es un potrico”.

Y sigue evocando el cubano que después, al leer la novela impresa, halló a “Abrenuncio Sa Pereira Cao, a quien Gabo reconoce como el médico más notable y controvertido de la ciudad de Cartagena de Indias, en los tiempos de la narración (...)”. Allí, “el hombre llora sentado en una piedra del camino junto a su caballo que en octubre cumple cien años y en una bajada se le reventó el corazón”.

Hoy, cuando el escritor cataquero cumpliría 90 años, este comentario del líder de la Revolución Cubana lo muestra en su dimensión de narrador del Realismo Mágico.


Este movimiento, surgido en América a mediados del siglo pasado y que cultivaron varios escritores del llamado Boom de la literatura latinoamericana, se caracterizó por incluir elementos fantásticos en los relatos, para enfatizar en lo extraordinario que hay en la realidad.


GGM

Y ese detalle señalado en esa novela, el caballo de cien años, revela que, en algunos casos, esos elementos fantásticos, si bien son ficticios, por supuesto, nacen, más bien de la exageración de la verdad. De la hipérbole.

Partiendo de la verdad, los excéntricos torneos de comedores que se dan en muchas partes, en Cien años de soledad hay un episodio fabuloso.

Aureliano Segundo fue el comedor invicto, hasta el sábado de infortunio en que apareció Camila Sagastume, una hembra totémica conocida en el país entero con el buen nombre de La Elefanta. El duelo se prolongó hasta el amanecer del martes. En las primeras horas, habiendo despachado una ternera con yuca, ñame y plátanos asados, y además una caja y media de champaña, Aureliano Segundo tenía la seguridad de la victoria.
Pero no. Imagínense: ella comió más.

La tercera resignación

«Había sentido ese ruido “las otras veces”, con la misma insistencia. Lo había sentido, por ejemplo, el día en que murió por primera vez. Cuando —ante la vista de un cadáver— se dio cuenta de que era su propio cadáver. Lo miró y se palpó. Se sintió intangible, inespacial, inexistente».

Estas son algunas líneas de La tercera resignación, el primer cuento que publicó, en el semanario Página Octava de El Espectador, en octubre de 1947. Después fue incluido en el volumen Ojos de perro azul.

En ese relato, el personaje narrador está muerto. Pero sigue creciendo. Parece darse cuenta de algunas cosas que pasan; ser consciente.

Sobre el origen de este cuento, Jaime García Márquez, hermano de Gabo, cuenta que él y las circunstancias que rodearon su nacimiento, lo motivaron: “nací sietemesino en una época que no había incubadora. El médico llegó a decir que estaba muerto, aunque tuviera algunas actividades vitales. Mi mamá tomó una caja de cartón, tal vez de zapatos, grande para que pudiera seguir creciendo. La llenó de algodón de ceibo y me metió en ella. Así fabricó una incubadora artesanal. Después, para que no muriera moro, o sea, sin bautizar, encargó a Gabito que fuera mi padrino. Para colmo, yo no sabía mamar. Ella debía ordeñarse, verter la leche en un pocillo y dármela con un algodoncito o con un gotero. Esto le inspiró a él La tercera resignación”.

Esos tres ejemplos anteriores, el del caballo, el de La Elefanta y el del niño muerto vivo, pueden ser exageraciones. Sin embargo, no siempre los elementos fantásticos de sus relatos llegan por el aprovechamiento de esa figura literaria, la hipérbole.

Otros pueden llegar como una metáfora, esa figura de pensamiento que permite expresar un concepto con otra cosa. Símbolos de algo. Como cuando, en Cien años de soledad, Remedios, la bella, subió al cielo en cuerpo y alma.

Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerines y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse. Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria.

Esa novela está plagada de situaciones mágicas. Nadie olvidaría la escena de los dieciséis hijos del coronel Aureliano Buendía al llegar a febrero, todavía con la cruz de ceniza del año anterior.

Y mucho menos, el epígrafe cuyas claves reveló, no sin esfuerzo, el gitano Melquiades y que parece contener la suerte de los Buendía: “El primero de la estirpe está amarrado en un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas”.

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EL PAIS
Cali – Colombia
6 de marzo de 2017

Literatura

Nueve mujeres inolvidables
del universo de Gabo
Gabriel García Márquez, mejor conocido en el mundo de las letras como 'Gabo', festeja su nuevo año de vida desde México. El autor de 'Cien años de soledad' es una insignia para el mundo literario. Elpaís.com.co le rinde un homenaje.

Por: Elpais.com.co

Con motivo de los 90 años que cumpliría el escritor Gabriel García Márquez, destacamos a nueve de los personajes femeninos de su universo literario.

1. Úrsula Iguarán

Está en casi todo Cien Años de Soledad: funda Macondo al lado de su marido José Arcadio y es enterrada por la sexta generación de Buendías. Partió del mundo de los vivos un Jueves Santo. Antes soportó las locuras de su esposo José Arcadio y de sus hijos. “Activa, menuda, severa, aquella mujer de nervios inquebrantables, a quien en ningún momento de su vida se la oyó cantar, parecía estar en todas partes desde el amanecer hasta muy entrada la noche”.

2. Cándida Eréndira

Eréndira era lánguida y de huesos tiernos y demasiado mansa para sus 14 años. Era la sobreviviente junto a la abuela de una familia de contrabandistas. El día en que empezó su desgracia la abuela vio que Eréndira se volvió a dormir caminando. La forma de sobrevivir que encontró su abuela desalmada en medio de las penurias del desierto fue venderla a los hombres. Eréndira nunca conoció el amor.

3. Sierva María

Se parecía más al padre que a la madre. Con el cuerpo escuálido, la piel lívida, los ojos de un azul taciturno, la cabellera extremadamente larga de color cobre radiante, con gracia para andar, bailar y cantar la música de los esclavos. En el aspecto físico poseía una timidez irredimible.
Y había adquirido otros rasgos que aprendió de los esclavos: era mentirosa y se desplazaba de forma tan sigilosa que parecía invisible y a veces no la sentían cuando entraba en un lugar.
Nunca cortaron su cabello esperando su matrimonio y así murió.

4. Ángela Vicario

Mujer de Bayardo San Román en ‘Crónica de una muerte anunciada’ fue devuelta en su noche de bodas al no ser virgen, de lo cual culpa a Santiago Nasar.
“Tenía un aire desamparado y una pobreza de espíritu que le auguraban un porvenir incierto”, escribió Gabo. Veinte años después de “era tan madura e ingeniosa, que costaba trabajo creer que fuera la misma.
Al cabo de pocos minutos ya no me pareció tan envejecida como a primera vista, sino casi tan joven como en el recuerdo, y no tenía nada en común con la que habían obligado a casarse”.

5. Amaranta

Hija de José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán en ‘Cien años de soledad’. Aunque pelea con Rebeca por el amor de Pietro Crespi, cuando Rebeca y José Arcadio se casan, ella rechaza a cualquier hombre que se le acerque, incluso al mismo Pietro, quien se suicida por su causa.
Aunque pareciera una mujer de fuerte carácter, en realidad tiene miedo de enfrentar su propio corazón. Ella ve en sus sobrinos a esos hijos que nunca tuvo. Por esta razón se preocupa por ellos. Pero también los mira con ojos de mujer.

6. Nena Daconte

La protagonista de ‘El rastro de tu sangre en la nieve’, escrito originalmente en 1978, es el duodécimo del compendio de doce cuentos escritos y redactados por García Márquez a lo largo de dieciocho años, que conforman el libro ‘Doce cuentos peregrinos’.
Es un personaje que vive en los años 60. Es una chica fuerte, que habla tres idiomas y que en realidad es quien manda en la relación. Curiosamente, esa pareciera a la vez su única debilidad, pues después de casada, al pincharse con una rosa, muere desangrada.

7. Remedios La Bella

De ‘Cien años de soledad’ se dice que tiene poderes de muerte ya que cuatro hombres mueren en el intentoo de hacerla suya. García Márquez la describe como un “ser que no es de este mundo”. Remedios es una mujer bellísima y extraña, elemental y pura, que vive como ajena a la vida ordinaria. Aunque algunos hombres ligeros de palabra se complacían en decir que bien valía sacrificar la vida por una noche de amor con tan conturbadora mujer, la verdad fue que ninguno hizo esfuerzos por conseguirlo.

8. Delgadina

Es la niña de los ojos del personaje principal de ‘Memorias de mis putas tristes’. Muy callada, responsable con su familia, después de recibir una recompensa al perder la virginidad. Trabaja pegando botones en una fábrica. “El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor con una adolescente virgen... Esa noche descubrí el placer inverosímil de contemplar el cuerpo de una mujer dormida sin las urgencias del deseo o los obstáculos del pudor”, escribió García Márquez.

9. Fermina Daza

Hizo padecer al buen Florentino Ariza en ‘El amor en tiempos del cólera’, con quien prometió casarse tras cruzar unas pocas palabras y a quien dejó cuando se dio cuenta que su amor era solo una fantasía.
A comparación con el idealismo poético de Florentino y la ingenuidad del doctor Urbino, Fermina tiene un entendimiento más sofisticado y pragmático del amor.
El amor de Fermina no encaja con el patrón de los romances de cuento. Para el caso, tampoco el de ninguna otra persona, pero ella es la única que está dispuesta a admitirlo. La actriz italiana Giovanna Mezzogiorno la interpretó en la película del director Mike Newell en 2007.

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Universo Abierto
Blog de la biblioteca de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca
Salamanca – España
Marzo de 2017

La Fundación Gabriel García Márquez
regala un libro en el
90 cumpleaños del autor
Yo no tengo nada que enseñar, pero tomé conciencia de que no quería llevarme conmigo la experiencia de casi toda una vida. Pensé que la única manera de contarla era al estilo de los antiguos maestros del Renacimiento, de persona en persona. Pero como esto era una exageración, decidí reunirlos de diez en diez.

Gabriel García Márquez, 1995.

 La portada del libro virtual.



En el día en que Gabriel García Márquez cumpliría 90 años de vida, la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano –FNPI- regala a todos sus seguidores la versión digital del libro Y pensar que todo estaba en nuestra imaginación: dos décadas de la FNPI.

Un regalo para que leas y celebres los 90 años de Gabo. 6 de marzo de 2017. Actividades de la FNPI, Comunidad FNPI.
 
Y pensar que todo estaba en nuestra imaginación

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